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SIN INFLACION NO HAY CRECIMIENTO

Haruhiko Kuroda, Gobernador del Banco de Japón 

Parece lógico el aserto de que “sin inflación no hay crecimiento”. Claro está que hablamos de una inflación moderada, en la que los salarios, año trás año, se vean actualizados con una cláusula de revisión, aunque ligada a la productividad. Con la inflación disminuyen las deudas. Con la deflación aumentan las deudas y disminuye la renta disponible, haciéndose insostenible, a medio plazo, su pago.

¿Cómo saldrá el experimento del gobernador del Banco de Japón Haruhiko Kuroda que ha anunciado que duplicará la cantidad de dinero en circulación en el país (de 1,08 billones a 2,13 billones de euros) para alcanzar una inflación del 2% en dos años … ¿

LOS '100 ECONOMISTAS' PIDEN DESLIGAR SALARIOS E INFLACIÓN EN LOS CONVENIOS

Con más discreción que las reformas del mercado de trabajo y de las pensiones, el cambio que se avecina en los convenios marcará un giro en las relaciones laborales en España. Los economistas influyentes han querido anticiparse y lanzar propuestas para un nuevo marco de negociación colectiva, que deberá estar definido en 15 días. El grupo de los 100, que aglutina a expertos con una visión reformista y liberal sobre la economía, propone desligar los salarios de la evolución real de los precios y, en su lugar, vincularlos a la productividad. Es la principal novedad de un manifiesto que presentarán el próximo martes.

La mayor parte de los convenios condiciona los salarios a la evolución prevista del IPC, con una cláusula de revisión por si los precios superan lo esperado. Los 100, impulsores en su día del contrato único para frenar la temporalidad, abogan por suprimir esa cláusula y otorgar mayor peso a la productividad. Las normas de negociación colectiva ya la recogen, aunque de forma tibia.


¿HAY UNA CARRERA PARA TENER MÁS INFLACIÓN?


Desde que el jueves 4 de abril, el gobernador del Banco de Japón Haruhiko Kuroda anunció que duplicará la cantidad de dinero en circulación en el país (de 1,08 billones a 2,13 billones de euros) para alcanzar una inflación del 2% en dos años, el mundo sigue con avidez el experimento nipón.
Tanta expectación es lógica. Japón lleva 15 años atrapado en un proceso deflacionario (el IPC interanual está en torno al -0,2%) causado por el estallido de una burbuja inmobiliaria. Sucesivos gobiernos han intentado todo tipo de soluciones ortodoxas y no han conseguido nada.

Da la impresión de que el país está cautivo en la famosa «trampa de liquidez» que describió Lord Keynes. Esta consiste, de manera simplificada, en que cuando los tipos de interés con que se remunera el ahorro son muy bajos, las personas prefieren conservar el dinero en vez de invertirlo y la política monetaria pierde eficacia. En Japón, los tipos llevan años cerca del 0%. Y nada pasa.
Cuando ya has agotado las medicinas tradicionales, mucha gente cree que no se pierde nada con intentar una herejía. Y es lo que ha hecho Kuroda con la complicidad del primer ministro, Shinzo Abe.

Ahora, pueden pasar varias cosas. Una, que el plan salga bien y que con un poco de inflación, Japón recupere la senda del crecimiento rompiendo una maldición que ha durado tres lustros. Dos, que la emisión inorgánica de dinero (que se produce cuando el banco central imprime billetes que no tienen un verdadero respaldo en el PIB del país, que es lo que sucede en este caso) se vea neutralizada y no cause ningún efecto.

¿Neutralizada por qué? Por ejemplo, si el nuevo dinero se dedica a la adquisición de deuda extranjera, la emisión queda neutralizada («esterilizada», dicen los expertos) al cambiar de moneda. Si los bancos retienen el dinero -para fortalecer sus balances por ejemplo-, y otros agentes económicos lo hacen porque sienten desconfianza, también podría suceder algo parecido.
Y tres, que Kuroda y Abe hayan puesto en marcha un proceso que conduzca a una serie de aberraciones económicas que precipiten a Japón y a sus socios en un maelstrom que se los trague a todos.

La expectación también se debe a que, poco a poco, las distintas sensibilidades económicas comienzan a aceptar la idea de que un poco de inflación, entre un 4% y un 6%, provocada por la impresión de dinero, no le vendría mal a la economía. Esta subida de precios licuaría las deudas, lo que vendría muy bien a economías superendeudadas como la española. De hecho, de la gran mayoría de los procesos de endeudamiento de la Historia se ha salido con inflación o guerras.
Los únicos que realmente rechazan de plano esta estrategia son amplios sectores de la escuela monetarista y los seguidores de la escuela austriaca. Porque la inflación no sólo reduce las deudas, es que también se come el poder adquisitivo de las rentas y de los ahorros.

El experimento japonés hay que seguirlo de cerca. Bajar los tipos de interés no les sirvió de nada según su experiencia. EEUU, por su parte, ha visto que con los Quantitative Easing casi ha duplicado su masa monetaria y no hay una inflación desbocada. Pero el dólar es moneda de reserva mundial, claro. Ahora veremos qué pasa con el yen, y sobre todo con su economía.




En los años sesenta, se inicia una discusión teórica respecto al efecto que la inflación podría tener sobre el crecimiento, pero es a raíz de los fuertes y generalizados procesos de estanflación que surgen a inicios de la década del 70, que éstos argumentos teóricos empiezan a ser contrastados con evidencia empírica de varías experiencias internacionales.

Actualmente, no existe consenso respecto a si la inflación efectivamente afecta, promueve o no tiene relación con el crecimiento económico; sin embargo, las políticas económicas propuestas por organismos internacionales como el Fondo Monetario o el Banco Mundial, apuntan a mantener un control estricto de la inflación con la finalidad de garantizar la estabilidad monetaria y por tanto el crecimiento económico. Esta orientación es explícita en el caso peruano, "... al establecer que la estabilidad monetaria es el único objetivo del Banco Central [de Reserva del Perú], se reconoce que el aporte de éste al crecimiento económico se da por medio de la eliminación de la inflación"

A inicios de los años noventa, empieza a surgir una nueva perspectiva en la relación inflación-crecimiento. En trabajos como los de Fischer (1993), Sarel (1995), Judson y Orphanides (1996),Ghosh y Phillips (1998) y Bruno y Easterly (1998), se sugiere una relación no lineal entre ambas variables. La intuición de la no-linealidad es inmediata: altas inflaciones perjudican el crecimiento, pero inflaciones bajas o moderadas podrían no hacerlo. De hecho, los resultados confirman esta intuición, lo que demuestra que muchos de los trabajos empíricos que encontraron relaciones negativas y significativas entre la inflación y el crecimiento en un contexto lineal, pierden la significancia e incluso el signo, al excluir de la muestra escenarios de alta inflación.

Usando información para el periodo 1950-1998, tratamos de demostrar que el efecto de la inflación sobre el crecimiento económico peruano es de tipo no-lineal. Nuestra hipótesis es que la relación entre ambas variables se da a través de umbrales, es decir, sólo cuando la inflación está por encima o debajo de cierto umbral, el efecto sobre el crecimiento empieza a ser negativo y significativo.

Desde este punto de vista, deflaciones e inflaciones altas perjudican el crecimiento, mientras que inflaciones bajas o moderadas podrían no afectarlo o incluso facilitarlo. Bajo esta hipótesis, la política monetaria más apropiada no sería la eliminación de la inflación, sino mantenerla a un nivel moderado óptimo para la economía. El problema entonces gira en torno a la definición de "alta inflación" o "inflación moderada", es decir, en la determinación del umbral óptimo de inflación.

Continua …


Alejandro Arrieta-Yolanda Portilla



Publicado por Alejandro Mon