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UNA VISIÓN CRÍTICA DE LA GUERRA CIVIL “HISTORIAS POR DEBAJO DE LAS HISTORIAS”



Libro: Historias por debajo de las Historias.
Autor: Luis Álvarez Fernández
Editora: José Barreiro


Acabo de finalizar la lectura de un libro escrito por un praviano, Luis Álvarez Fernández, titulado  «Historias por debajo de las Historias», editado por la Fundación José Barreiro, patrocinado por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias, o sea, pagado con el dinero de todos los asturianos, y para que todo quede en casa, la de ellos, por supuesto, hace la presentación la entonces presidenta de la Junta General del Principado, María Jesús Álvarez González, hoy consejera de Agroganadería y Recursos Autóctonos de Asturias, con el presidente Javier Fernández que ha hecho también posible que a una parienta mía, Rosa Aza, le tocara la Pedrea nombrándola presidenta de El Musel. Desde aquí –permítaseme esta pequeña licencia– mi enhorabuena y a ver si sale como otra Rosa Aza que hubo en la familia y que ella sabe a quién me refiero.  

Luis Álvarez Fernández
 El libro del que me ocupo forma parte de esas «humildes biografías», como el mismo autor dice, que le gustaría que un día sirviera a algún historiador investigar sobre el periodo 1936-96. Lo que ocurre es que los historiadores se van a encontrar con una historia un poco distorsionada. Luis Álvarez que comenzó su camino político conectando con el grupo demócrata-cristiano de Oviedo, pasando después a formar parte del grupo que en el futuro tomaría el nombre de Izquierda Democrática que abandonaría más tarde no sin antes haber intentado averiguar, de forma poco ortodoxa y leal, lo que el ex ministro franquista Joaquín Ruiz-Giménez,  dirigente de ID, decía en la habitación a otra persona durante el Congreso de ID celebrado en El Escorial en abril de 1976:  «Mi habitación estaba al lado de la de Ruiz-Giménez, y la noche del sábado al domingo la pasé con la oreja pegada a la pared tratando de entender la tremenda discusión que Ruiz-Giménez sostenía con una persona que no pude identificar».

 Decidido a abandonar ID, propuso primero una alianza con otras fuerzas progresistas como Unidad Regionalista sin resultado positivo alguno. Se llegó a interesar por la ideología del Partido Carlista y con ellos habló del socialismo de autogestión y de un estado socialista federal para terminar afiliándose al PSOE y salir elegido concejal de Pravia con ese partido. Pero no es precisamente del paseillo político de este praviano, que es un problema suyo, de lo que deseo escribir y comentar es un pie de página que él recoge de un periódico que en esos momentos, al menos, dirigían los rojos, y que reproduce en su totalidad sin que de su pluma salga el más mínimo atisbo de desconformidad, al menos en una parte, dando de esta manera por bueno las mentiras que publicaba el periódico «La Voz» editado en el Madrid rojo de 1936 en referencia a lo que ocurrió en Badajoz  cuando fue tomado por el teniente coronel Juan Yagüe. En la revista digital «El Catoblepas», que edita la Fundación Gustavo Bueno, sobre ese acontecimiento se produjo un gran debate en al año 2004 y opiniones hubo para todos los gustos, algo que no hizo Luis Álvarez que se quedó solamente con la opinión del medio que editaban los rojos y ni tan siquiera recogió el testimonio del periodista portugués Mario Neves.
Tampoco dijo nada de la represión,  por ejemplo, que hubo en Málaga («Vengo de Málaga roja/ de Málaga roja vengo…», dijo el poeta), donde los rojos llegaron a asesinar a 106 religiosos.

 La postura adoptada por Luis Álvarez me hizo recordar las palabras de Ortega y Gasset en su excelente obra «La rebelión de las masas» cuado escribió: «Mientras en Madrid los comunistas y sus afines obligaban, bajo las más graves amenazas, a escritores a firmar manifiestos, a hablar por radio, etc., cómodamente sentados en sus despachos o en sus clubs, exentos de toda presión, algunos de los principales escritores ingleses firmaban otro manifiesto donde se garantizaba que esos comunistas y sus afines eran los defensores de la libertad. Evitemos los aspavientos y las frases, pero déjeseme invitar al lector inglés a que imagine cuál pudo ser mi primer movimiento ante hecho semejante, que oscila entre lo grotesco y lo trágico». Y también es trágico y grotesco el libro de Luis Álvarez Fernández, del que me seguiré ocupando, pero ahora, más o menos,  he cubierto el cupo de las líneas permitidas.
                                        

 JOSÉ Mª GARCÍA DE TUÑÓN AZA