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LA UNIVERSIDAD, LAS BECAS Y EL DINERO DE LOS DEMAS




Rectores y estudiantes dan la espalda a una docencia de excelencia
  
Vicepresidenta del Gobierno y Ministro de Educación
Una beca es un aporte periódico que se concede a aquellos estudiantes o investigadores con el fin de llevar a cabo sus estudios o investigaciones. Se realiza para aquellas personas que no puedan costear el valor del estudio o de la investigación, normalmente la beca lleva un patrocinio.

El ministro de Educación, José Ignacio Wert, se reúne mañana con los responsables autonómicos de política universitaria para tratar, entre otros temas, el nuevo sistema de becas que fija que es necesario un 6,5 en la nota de acceso a la Universidad, lo que ha provocado un rechazo generalizado.

La reunión de la 
Conferencia General de Política Universitaria se produce después de que la semana pasada, en otra reunión sectorial, las autonomías -incluidas algunas del PP- transmitieran a Wert su oposición a que para acceder a una beca de Bachillerato se exija un 6 de nota en cuarto de la ESO (este año se pedía un 5,5 y antes un 5).

Ni la vida es siempre justa ni el éxito sucede siempre al mérito y el esfuerzo. Pero la supervivencia y bienestar de nuestra sociedad –y de cada uno de nosotros– depende, en gran medida, de que nuestra cultura e instituciones premien el esfuerzo, la eficacia y la honradez. Aplicar esta idea es, quizá, el más importante cambio cultural que los españoles necesitan para remontar su caída hacia la irrelevancia.

Lo esencial de una política de becas no es que la nota mínima para percibirlas sea 6,5 o 6, sino que promueva la excelencia. En igualdad de condiciones, apoyar a quien mejor aprovechará la ayuda es la mejor solución. Para la sociedad, pero también para el alumno: incentivar con dinero público que estudiantes mediocres o deficientes pueblen las universidades como simple alternativa a no hacer nada es un engaño. A los estudiantes y a la sociedad.

¿Se acuerdan de aquella aguerrida izquierda poblada de honestos trabajadores que defendían su derecho a una remuneración justa a cambio de una labor bien hecha? ¿Y de los que decían lo de "
La tierra para quien la trabaja"? Bien, pues ya no existe.

Ahora lo que se estila no es el derecho a un sueldo digno por trabajo digno, sino el derecho a un no trabajo, es decir, a recibir el sustento sin mover un músculo, no digamos ya sudar. Es lo que reivindican todas estas mareas que hablan de que los ciudadanos deben tener esto o aquello –sanidad, educación, televisión pública…–, pero en realidad lo que exigen es que determinados funcionarios o enchufados puedan seguir cobrando sin trabajar o, al menos, sin trabajar de verdad.



¿Estará pensando dimitir ante tanta demagogia de la izquierda?

El Ministerio de Educación está dispuesto a reconsiderar su anunciada exigencia de una nota igual o superior al 6,5 para percibir becas, pero también para los estudios de bachillerato y para las ayudas que supongan la exención de pagar tasas en la Universidad. Después de las críticas al proyecto original del departamento que dirige José Ignacio Wert para incentivar el rendimiento de los alumnos, el Gobierno plantea una cesión ante las apreciaciones que le han parecido más "razonables", como es el caso de las formuladas por los Ejecutivos autonómicos, incluidos los del PP.


La secretaria de Estado reiteró que las becas y las ayudas "son y van a seguir siendo un derecho" para los estudiantes de familias menos pudientes y que tengan un buen rendimiento, pero que el conjunto de los ciudadanos también tiene derecho a que el esfuerzo que hacen al invertir en educación con sus impuestos sirva para obtener los mejores resultados posibles. "Hay que incentivar el esfuerzo" y "estamos hablando de aprobados, no de excelencia", fueron algunas de las frases utilizadas por Gomendio para defender la exigencia de buenas notas en el reparto de becas.



 Las universidades tendrían que ser catedrales del conocimiento a las que sólo tuvieran acceso los alumnos que hubieran acreditado que pueden sacar el máximo provecho de lo que se les va a enseñar. Ser universitario no es ni mejor ni peor que no serlo. La calidad del trabajo que luego hagamos, sea en el ámbito que sea, es lo que va a determinar nuestro prestigio y nuestro éxito. Nunca será mejor un mal médico que un buen fontanero. Lo que importa no es lo que hagas sino que lo hagas bien hecho.
 El Estado tiene que invertir, becándolos, en aquellos chicos que demuestren aptitudes e interés y capacidad para devolver a la sociedad lo mucho que la sociedad ha hecho por ellos. Los recursos son limitados y hay que usarlos con inteligencia. No se puede ofrecer mediocridad a cambio del enorme esfuerzo que muchos hacemos pagando nuestros impuestos.
 El sistema de concesión de becas tiene que ser riguroso y exigente, porque pese a la carraca de los derechos adquiridos sólo tenemos deberes. La pregunta no es a qué crees que tienes derecho sino de qué esfuerzo ajeno te crees digno. ¿Qué parte de lo que yo gano tengo que darte y por qué?
Se ha perdido el respeto al dinero de los demás. Mi abuela me enseñó a pedir siempre lo más barato de la carta cuando alguien me invitaba a cenar y a que me terminara todo lo que hubiera en el plato. «Y al día siguiente, manda unas flores dando las gracias». La gratitud es tan fundamental como el desodorante.
 La degradación de la vida pública española se concretó cuando el otro día algunos alumnos le negaron el saludo al ministro de Educación y Cultura. Nada hay más soez, ni más desafortunado, que la arrogancia del subvencionado.
Todas las universidades tendrían que ser privadas y el Estado tendría que limitarse a becar a los que objetivamente considerara que tienen algo que aportar. Lo demás es generar mediocridad y paro, falsas expectativas y un nivel de gasto que no sólo no podemos permitirnos sino que resulta un insulto a los que vemos cómo se malgasta nuestro dinero.
Porque el dinero es nuestro, sí, y de momento todo el mundo nos ha insultado y nadie nos ha dado las gracias.
Por Salvador Sostres


¿Seguirá pensando en dimitir ante tanta irresponsabilidad política, hasta de su propio PP?
 La firmeza del ministro se desinfla. La convicción que mostraba José Ignacio Wert en sus declaraciones de hace una semana sobre su decreto de becas, incluso la que manifestaba este lunes mismo, se tornó este martes en dudas e inseguridad. "Una revisión con carácter general de los requisitos no está en nuestro horizonte", afirmó tajante el titular de Educación tras su reunión con los rectores el pasado jueves.

En cambio, tras su encuentro con los responsables autonómicos de universidades – y después de las críticas, más o menos veladas, de su
propio partido – el ministro se ha comprometido a revisar la polémica nota media del 6,5, necesaria para poder optar a una beca de acceso a la Universidad, tal y como establece el borrador ahora mismo. "Se va a considerar la revisión" de esta nota dijo Wert, que precisó, incluso, que en el encuentro se han "comprometido a recalcular todo lo que tenemos que recalcular" para "intentar acomodar" las peticiones sobre la nota del 6,5 para acceder a las becas universitarias. El objetivo, dijo, es conseguir "el mejor acuerdo posible".




Publicado por Alejandro Mon