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RUSIA: NEGACIÓN CRIMENES NAZIS - PENA CINCO AÑOS DE CÁRCEL






Rusia convierte en delito la negación de los crímenes nazis

El presidente ruso, Vladimir Putin, ha promulgado una ley que convierte en delito la negación de los crímenes nazis y la distorsión del papel de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Las infracciones de la nueva normativa podrían castigarse con hasta cinco años de cárcel.

(Russian: Влади́мир Влади́мирович Пу́тин, IPA: [vɫɐˈdʲimʲɪr vɫɐˈdʲimʲɪrəvʲɪt͡ɕ ˈputʲɪn], born 7 October 1952) has been the President of Russia since 7 May 2012. He previously served as President from 2000 to 2008, and as Prime Minister of Russia from 1999 to 2000 and again from 2008 to 2012. During his last term as Prime Minister, he was also the Chairman of the United Russia political party.

Esta ley también criminaliza la profanación de los memoriales de la guerra. Los opositores la consideran como un intento de acabar con la libertad de expresión y contentar a los principales apoyos de Putin, los antiguos agentes de la KGB.

El Kremlin ha recurrido en varias ocasiones a la Segunda Guerra Mundial como un pilar para unir a la sociedad rusa, que, según Putin, ha perdido sus valores morales desde la caída de la URSS en 1991. Esto se ha convertido en un riesgo para los rusos ya que la versión del Gobierno establece una línea oficial que glorifica los logros del Ejército soviético y minimiza sus errores.

La nueva ley prohibiría "la difusión consciente de información falsa sobre la actividad de la URSS durante los años de la Segunda Guerra Mundial".

Las autoridades rusas y los medios de comunicación han utilizado la sombra de los nazis en Alemania de manera continua durante la reciente confrontación de Moscú con Occidente por Ucrania. El pasado febrero los aliados del presidente ruso emplearon este argumento para llamar al derrocamiento de un grupo "neonazi" que había intentado un golpe de Estado.
Los medios de comunicación contrarios al Gobierno de Putin ya han vivido episodios previos de censura. Este año, el canal independiente Dozhd (TV Rain) se fue a negro después de preguntar a sus espectadores si Leningrado, ahora San Petesburgo, debería haber sido tomada a las tropas alemanas para salvar vidas durante el día 872 del asedio durante la Segunda Guerra Mundial.


Viktor Shenderovich, un bloguero crítico con las autoridades, se colocó en el punto de mira de los partidarios del Kremlin en febrero, después de comparar los Juegos Olímpicos de Sochi con las Olimpiadas de Berlín de 1936, con las que Adolf Hitler quiso ensalzar la imagen de la Alemania Nazi.

En una comentario publicado cuando se presentó la legislación por primera vez, un veterano presentador de televisión Vladimir Posner aseguró que el objetivo de la normativa era "callar la boca de los periodistas, los historiadores y los escritores". Posner añadió que temía que "prácticamente prohibiría el criticismo hacia Stalin" por "los graves errores que llevaron a la muerte de cientos de nuestros soldados".


La tropa negra de Hitler




Gran sorpresa. ¿Sabían ustedes que las tropas alemanas disponían de regimientos integrados por negros que combatieron junto a los Afrika Korps del mariscal Rommel o en el frente ruso? ¿Pero no eran racistas los nazis? Sí, eso lo dejaron bastante claro, pero no despreciaron a las fuerzas coloniales francesas y belgas que solicitaron incorporarse a la Wehrmacht durante la campaña del norte de África tras la invasión de 1940 o a los galos de color con querencias hacia Hitler. No pasó de ser un hecho meramente anecdótico, que en absoluto reduce la condición racial de una ideología basada en la superioridad de la raza aria.
Pese a ello, ha sido una historia oculta durante décadas. Pero era cierta, rigurosamente cierta. Fueron cientos los uniformados, sobre todo en nómina del régimen de Vichy, que como voluntarios cambiaron de bando. Pasaron de las tropas coloniales galas a las del régimen político más denigrado por la historia. Algunos, los menos, quedaron seducidos por la ideología fascista de Adolf Hitler. Otros creyeron que la nueva metrópoli les sacudiría el yugo imperialista que atenazaba a sus respectivas naciones.
Pero la gran mayoría simplemente pretendía conservar su vida castrense y adaptarse a las nuevas circunstancias. ¿Qué más daba un uniforme que otro?. "Juro por Dios que voy a obedecer al líder de la raza alemana y al Estado, Adolf Hitler, como el comandante de las fuerzas armadas", era la fórmula exigida para rendir pleitesía al nuevo mando.



Hitler, el asesino obsesionado por los dulces y el cine



A sus 89 años, Elisabeth Kalhammer recuerda como si fuera ayer la época en la que trabajó como sirvienta en el hogar de uno de los mayores asesinos de todos los tiempos: Adolf Hitler. Sin embargo, y según ha explicado la antigua criada en una entrevista al diario austríaco 'Salzburger nachrichten', para ella el dictador no era más que un amable jefe que, a pesar de que se veía obligado a seguir una estricta dieta por su delicada salud, solía levantarse por las noches a escondidas para saquear cualquier dulce o golosina que hubiera guardada en la casa. A su vez, la mujer afirma que era un gran aficionado al cine y que contaba en su residencia de Obersalzberg con una sala privada de proyección.

Al parecer, la vida de Kalhammer al lado de Hitler comenzó cuando, en 1943, vio un anuncio en una agencia alemana de empleo en el que se solicitaba una camarera para la región de Obersalzberg, en los Alpes Bávaros. Ella, que procedía de una familia pobre, decidió acudir a la entrevista sin saber quién sería su jefe. Como no podía ser de otra forma, fue una gran sorpresa conocer que trabajaría de criada para Adolf Hitler. De hecho, cuando se enteró estuvo a punto de hacer caso a su madre y rechazar el trabajo, no obstante, desde las oficinas del Reich la convencieron alegando la suerte que tenía de trabajar para el Führer.

Una vez contratada, la señora Kalhammer se unió en a un grupo de 22 niñas dirigidas por Eva Braun. Todas tenían un único objetivo: obedecer y atender a Hitler. Para ellas aquel no era un trabajo usual, pues la presencia de los soldados de las SS las mantenía constantemente en tensión. Desde el principio se informó a las jóvenes de que tenían absolutamente prohibido revelar cualquier cosa que oyeran entre los muros de la residencia del Führer bajo pena de un fuerte correctivo. "Se me permitía pensar, pero no hablar", afirma la criada al diario austríaco.

 







Publicado por Alejandro Mon