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EL MUSEL: LA OBRA DE AMPLIACIÓN SE HUNDE: VICIOS OCULTOS: RESPONSABILIDADES ... ESCOMBROS PARA EL RELLENO


El asentamiento de la ampliación agrieta El Musel



Tras los temporales del pasado invierno, han aparecido boquetes y daños en los cajones que conforman el Dique Norte.

Toda obra nueva tarda años en asentarse. Se calcula que un edificio de viviendas no fija su cimentación hasta pasados unos diez años. En el caso del puerto de El Musel, debido a sus dimensiones y, sobre todo, a su peso y el continuo embate de la mar, ese periodo puede ser más largo. La ampliación del puerto fue inaugurada el 11 de enero de 2011 y tras los duros temporales de este invierno salieron a la luz diversos desperfectos que los técnicos consideran normales, aunque no por eso menos llamativos. Boquetes en las partes más bajas de los diques exteriores y grietas en distintos lugares del Dique Norte, especialmente en las juntas de los cajones de hormigón que lo conforman, son los primeros daños detectados.

Hay que recordar que el pasado invierno se llegaron a registrar olas superiores a los 13 metros de altura y que en poco menos de dos meses se contabilizaron cinco temporales muy fuertes en la costa asturiana. Todo ello hizo mella en una infraestructura que, a pesar de todo, según los responsables portuarios aguantó muy bien las malas condiciones de la mar.


 De todas formas, algunos de estos daños ya han comenzado a ser reparados, especialmente algunas grietas del espaldón que se han reforzado con hormigón, pero hay otros que tendrán una reparación más difícil, como los boquetes abiertos en dos de las celdillas de los cajones del Dique Norte. Será necesario esperar a las condiciones idóneas de la mar para hacerlo, aunque hay que recordar que los cajones están compuestos por más de 70 celdillas que están rellenas de áridos. En concreto, en esa zona de la ampliación de El Musel se colocaron 36 cajones de 51,8 metros de largo, 32 de ancho y otros 32 de alto, lo que, unido a unos espaldones de quince metros de altura, garantiza una total protección al nuevo muelle.


Fernando Menéndez Rexach, expresidente,  y José Luis Díaz Rato, Director de la obra
Responsables ... escombros de relleno?

Responsabilidad del contratista de obras públicas una vez transcurrido el plazo de garantía



Grietas y hundimientos en el nuevo puerto de El Musel


Una vez finalizada la ejecución de grandes obras por parte de nuestras Administraciones –piscinas y complejos deportivos, auditorios, aparcamientos subterráneos, nuevas instalaciones y dependencias municipales- toca, en muchos casos, hacer frente a los desperfectos que, el transcurso del tiempo, termina  por hacer patentes.


En este contexto, no está de más recordar que el ámbito y alcance de la responsabilidad del contratista de obras públicas, no termina en nuestra normativa sobre contratos del sector público con la finalización de las obras y su recepción por la Administración contratante; ni tampoco por el mero transcurso del plazo de garantía estipulado en el contrato (normalmente un año).

Existen por el contrario mecanismos legales que permiten, en ciertos casos, hacer frente a aquellos desperfectos que se manifiestan transcurridos las anteriores fases de recepción y puesta de la obra a disposición de los usuarios, y del transcurso del periodo de garantía estipulado.

Para ello, se encuentra legalmente previsto el recurso a la responsabilidad del contratista por vicios ocultos en la construcción, que abarca un plazo de quince años, a efectos de poder reclamar daños y perjuicios a la empresa contratista.

Concretamente, en nuestra vigente legislación de contratos del sector público, el artículo 236 del Texto Refundido de la Ley de Contratos del Sector Público determina la responsabilidad del contratista en aquellos supuestos en que la obra se arruina con posterioridad al plazo de garantía por vicios ocultos de la construcción:
“Si la obra se arruina con posterioridad a la expiración del plazo de garantía por vicios ocultos de la construcción debido a incumplimiento del contrato por parte del contratista, responderá éste de los daños y perjuicios que se manifiesten durante un plazo de quince años a contar desde la recepción.”
Para que opere esta responsabilidad del contratista han de concurrir, de acuerdo con el precepto legal y la doctrina jurisprudencial recaída en esta materia, las siguientes circunstancias o requisitos:

1º) Que la obra ejecutada se arruine.
En este sentido la doctrina jurisprudencial viene considerando que la ruina de una edificación o construcción se produce no sólo cuando la misma ha de derribarse o derruirse, por resultar totalmente inservible, sino también cuando la misma resulta inapropiada para el uso normal a que se destina (ruina funcional).
A
sí, el Tribunal Supremo señala que “se aprecia la ruina funcional cuando los defectos tienen una envergadura o gravedad que exceden de las imperfecciones corrientes haciendo inútil o impropia la cosa para su finalidad” (STS, Sala 1ª, de 20 de diciembre de 2006)

En este mismo sentido, la Sentencia del Tribunal Supremo (Sala de lo Contencioso-Administrativo) de 23 mayo 1983, pone de manifiesto lo antes expresado: que no es necesaria la ruina de la construcción, en sentido literal, para que opere el mecanismo de imputación de responsabilidad del contratista:

“Que, de momento, se anticipa que en este caso no se ha producido la ruina de la edificación en litigio, lo que no ha de ser motivo para que por esta sola circunstancia haya que dar por descartada la aplicación de este precepto legal, ya que la expresióncontenida en éste, «Si la obra se arruina…», viene a representar una hipótesis indeterminada, que obliga en cada caso a concretarla, siguiendo los dictados de la lógica y del buen sentido, que son los que aconsejan no ser necesaria una ruina de la construcción, tal y como ésta se entiende literalmente, para que deba operar el mecanismo de la imputación de unos daños a la persona o entidad culpable de los mismos, en cuanto los mismos revistan cierta entidad y gravedad.

Igualmente, la Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña núm. 809/2007 (Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección 5, de 22 de octubre,aplica el concepto de ruina funcional a un supuesto similar al que aquí se plantea: …


Dictámen del Consejo de Estado sobre vicios ocultos: 15 años desde la recepción de las obras

Al margen de los supuestos de resolución contractual, el cauce normal de extinción del contrato de obras es el cumplimiento de su objeto. La extinción del contrato de obras por cumplimiento del contratista no tiene lugar de forma automática, sino que es el resultado de un procedimiento relativamente complejo, integrado por una serie de trámites que tienden a constatar la observancia debida de las obligaciones contractuales. 

Así, una vez terminadas las obras, ha de comprobarse que las mismas se encuentran en buen estado y se corresponden al proyecto aprobado en su día, así como, en su caso, a las modificaciones que posteriormente se hayan introducido, para lo que es preciso proceder a la recepción de las obras por la Administración. En caso de resultado positivo de la recepción, se extingue el vínculo convencional entre las partes por cumplimiento, pero tal recepción no exonera al contratista de toda responsabilidad.

A partir de este momento, se inician tres periodos perfectamente diferenciados en la responsabilidad del contratista:

* El primero se inicia con la recepción, momento en que se produce la entrega de la obra a la Administración y comienza el periodo de garantía, durante el cual el contratista debe responder de los vicios o defectos de la construcción y está asimismo obligado a la conservación de las obras, asumiendo la Administración los demás riesgos, salvo por vicios ocultos.

* El segundo comienza cuando se extingue el periodo de garantía y se refiere exclusivamente a los vicios ocultos por incumplimiento del contrato por parte del contratista, esto es, a aquellos cuya existencia no se ha podido delatar en ese periodo anterior, precisamente porque no tenían una manifestación externa y, además, determinan la ruina de lo construido.

* Y el tercero es el que se inicia a partir de los quince años desde la recepción, en el cual el contratista no tiene ninguna responsabilidad.

En lo que atañe al segundo periodo aludido, una vez finalizado el plazo de garantía, el contratista queda relevado de toda responsabilidad, excepto en el caso de que la obra se arruine por vicios ocultos.

En este sentido, el artículo 149 de la Ley 13/1995, de 18 de mayo, de contratos de las Administraciones Públicas, vigente en el momento de la adjudicación del contrato al que se refiere la consulta (precepto cuya dicción coincide con la del artículo 236 del vigente texto refundido de la Ley de contratos del sector público, aprobado por Real Decreto Legislativo 3/2011, de 14 de noviembre), disponía lo siguiente:

Si la obra se arruina con posterioridad a la expiración del plazo de garantía por vicios ocultos de la construcción, debido a incumplimiento del contrato por parte del contratista, responderá éste de los daños y perjuicios durante el término de quince años a contar desde la recepción. Transcurrido este plazo sin que se haya manifestado ningún daño o perjuicio, quedará totalmente extinguida la responsabilidad del contratista.

El contenido de este precepto, como señala la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo en Sentencia de 2 de abril de 2008, "no comporta poderes exorbitantes de la Administración, sino que contiene una regulación pareja a la que, en el ámbito civil, contempla el artículo 1591 del Código Civil". Para que surja la responsabilidad del contratista por vicios ocultos en el plazo de 15 años se tienen que dar una serie de requisitos:
- Que se produzca la ruina del edificio.
- Que la ruina se deba a vicios ocultos de la construcción.
- Que se deba al incumplimiento del contrato por parte del contratista.
- Que la ruina se manifieste durante el plazo de quince años a contar desde la recepción.

En relación con el primero de estos requisitos, la Sentencia de la Sala Tercera del Tribunal Supremo de 9 de marzo de 2012 recuerda que la jurisprudencia, especialmente la de la Sala Primera, "se muestra partidaria de una interpretación amplia y flexible del concepto de ruina a los fines del nacimiento de la responsabilidad del artículo 1591 del Código Civil, habiendo declarado que el término ruina que utiliza el legislador no debe quedar reducido al supuesto de derrumbamiento total o parcial de un edificio, sino que hay que extenderlo también a aquellos defectos constructivos que, por exceder de las imperfecciones, comunes o corrientes, impliquen una ruina potencial que haga temer por su perdida en caso de no ser oportunamente reparados, o inutilicen la edificación, en todo o en parte, para la finalidad que le es propia, o conviertan su caso en gravemente irritante, incómodo o molesto".




Publicado por Alejandro Mon