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PELICULAS QUE HAY QUE VER: THE GREAT BEAUTY (LA GRAN BELLEZA): 'YOUTH' (JUVENTUD): PAOLO SORRENTINO

Brillante y emotivo Paolo Sorrentino



 La Gran Belleza





En Roma, durante el verano, nobles decadentes, arribistas, políticos, criminales de altos vuelos, periodistas, actores, prelados, artistas e intelectuales tejen una trama de relaciones inconsistentes que se desarrollan en fastuosos palacios y villas. El centro de todas las reuniones es Jep Gambardella (Toni Servillo), un escritor de 65 años que escribió un solo libro y practica el periodismo. Dominado por la indolencia y el hastío, asiste a este desfile de personajes poderosos pero insustanciales, huecos y deprimentes. (FILMAFFINITY)
 


 



 


DUELO DE OPINIONES SOBRE “La Gran Belleza”



«La gran belleza» logró hacerse con el Oscar a la mejorpelícula extranjera de habla no inglesa. Con este galardón Italia confirmó su primacía en esta categoría, en la que se ha impuesto en catorce ocasiones, dos más que Francia y diez más que España.
Más allá de los premios, se trata de un film que suma en la actualidad tantos defensores como detractores, apasionados ambos, por ser una de esas películas que no suele dejar indiferente a nadie. Prueba de ello son las páginas de nuestro periódico, en las que los columnistas Iñaki Ezquerra y Luis Ventoso han expuesto sus posturas enfrentadas sobre la obra de Paolo Sorrentino.
«Contra La Gran Belleza» se titulaba La Tercera publicada por Ezkerra. En ella calificaba de «impostura posmoderna» la película, asegurando a su vez que se trata de una huera fotocopia de Fellini. De su protagonista, Jep Gambardella, apuntó que es «vacuo y lacrimógeno» y su historia, «de un simplismo superfluo». Sin embargo, este pasado sábado Luis Ventoso defendía al «fantástico» Gambardella a la vez que elogiaba la película y se preguntaba: «¿Debemos exigirle un mensaje a las obras de arte o podemos quedarnos en el mero disfrute?».
Finalmente Ezquerra ha reconocido en su columna de este domingo que casi le convence «con sus desprejuiciados argumentos y su tono afectuoso», enfatizando «el buen rollito» que hay entre ellos, algo que, asegura, sintoniza «muy bien» con el acontecimiento que ha marcado la semana que hoy se cierra: el anuncio del derbi madrileño en Lisboa.


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El Oscar corona a ‘La gran belleza’


Hacía 15 años. Entonces fue “Robertooooooo” Benigni, con las tres estatuillas de La vida es bella y el grito de Sophia Loren al entregarle el premio al mejor actor protagonista. Tres lustros después, Italia vuelve a recoger un Oscar a la mejor película de habla no inglesa, esta vez gracias a Paolo Sorrentino y a La gran belleza, retrato de una espléndida y decadente Roma donde los vacuos y engreídos miembros de la supuesta alta sociedad arrastran su existencia surrealista.
"Gracias a mis fuentes de inspiración: Talking Heads, Scorsese, Maradona y Fellini. Gracias a Nápoles y Roma", ha dicho Sorrentino al recoger el premio. La noticia ha multiplicado el tamaño de los titulares y la alegría de los medios italianos. "Triunfo Italia", titula su web La Repubblica. "Es 'Gran belleza' en Hollwyood", proclama Il Corriere della Sera.
En el fondo, todos los indicios hacían prever este desenlace. El cineasta italiano lleva meses en Los Ángeles, y ya se sabe que una buena promoción cuenta casi tanto como una buena película. Y, además, mirando la hemeroteca se descubre que Italia es el país que más veces ha ganado el Oscar al mejor filme extranjero. Entre muchos triunfos entre los sesenta y los ochenta, y tres en las últimas décadas, el total reza 14, incluida la estatuilla de hoy. O más bien 11, si se prefiere empezar a contar solo desde 1957, cuando el premio dejó de ser honorario y empezó a incluir nominaciones y competición. El segundo puesto está ocupado por la Francia de La vida de Adèle, con 12.
Pero la posible gran rival de Sorrentino hoy no competía, por razones de fecha de estreno. Como decía el propio cineasta italiano, hasta ahora su filme se repartía los premios con La vida de Adèle. Palma de Oro para la obra de Abdellatif Kechiche; premios del cine europeo para Sorrentino. Galardón de los críticos internacionales (FIPRESCI) para el amor y desgarro entre dos lesbianas; Globo de Oro y Bafta para el dandy Jepp Gambardella. Hasta hoy. Oscar a La gran belleza. La vida de Adèle lo intentará el año próximo. …
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LA GRAN JUVENTUD (YOUTH)




Fred Ballinger (Michael Caine), un gran director de orquesta, pasa unas vacaciones en un hotel de los Alpes con su hija Lena y su amigo Mick, un director de cine al que le cuesta acabar su última película. Fred hace tiempo que ha renunciado a su carrera musical, pero hay alguien que quiere que vuelva a trabajar; desde Londres llega un emisario de la reina Isabel, que debe convencerlo para dirigir un concierto en el Palacio de Buckingham, con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe. (FILMAFFINITY)



«Ahora mismo, o hago de viejo o de muerto», dijo Michael Caine, y se despejaron las dudas. Pase lo que pase y a pesar de la propia película, es imposible no ponerse del lado de Youth (Juventud). «La ligereza es una forma de perversión», se escucha en la última película de Sorrentino, el regreso del director de La gran belleza. De nuevo, la descripción pautada del instante que precede al precipicio se convierte en el único argumento. Y otra vez, el director se esfuerza en dibujar el hueco que queda cuando ya no queda nada. No es tanto tristeza, como dolor; no es melancolía, es fiebre. 
Youth carece del malestar lúcido de su precedente, de su necesidad de vacío, de su cansancio, de la magnanimidad perezosa de ese gigante que fue Jep Gambardella, pero, con todo, acaba por ser, en su imperfección, en su gradilocuencia, en su profunda ridiculez... bellísima. Irritantemente bella.
  
Michael Caine y Harvey Keitel son Fred y Mick, dos viejos que gastan uno de sus últimos veranos en un hotel alpino de Suiza. Estamos ante dos émulos de Settembrini y Naptha, los personajes que ordenan los rescoldos del siglo en La montaña mágica de Thomas Mann. El primero es un músico. Le avala una vida de éxito que ahora, al fin, descubre perfectamente inútil. Su mayor logro fue la composición Simple songs y es en la ligera sencillez de su obra donde acaba por descubrir el vacío que le arrasa. 
A su lado, el personaje de Keitel es un hombre vitalista que se resiste a rendirse. Productor de cine, se ve capaz de volver a ser el que fue. Atentos a la aparición de Jane Fonda como su musa de otros tiempos. «Los viejos me interesan porque son vulnerables», dijo ante la prensa la que fue Barbarella. «Además, ¿qué otra cosa puedo hacer?». Sea como sea, los dos protagonistas se dejan arrastrar por la certeza racional del absurdo de todo. Y así, hasta el más lúgubre y lúcido de los suicidios. Y en el medio, que por eso el director es napolitano, la sospecha de que basta un instante de belleza para imaginar siquiera la posibilidad del sentido. ¿O era sólo placer? Dos viejos contemplando el cuerpo desnudo, joven y perfecto de una mujer resumen el mundo. 
Sorrentino compone así una película de momentos. Lejos de la arquitectura perfecta, en su insultante barroquismo, de La gran belleza, el director se conforma con hacer que el espectador navegue por una pantalla que aspira a la textura de la carne. El cine de Sorrentino molesta porque es consciente del lugar que ocupa. Es machista, excesivo y tan irreflexivamente pueril que sólo admite a Maradona como digno de canonización. Toda la película, de hecho, habla de esa devoción malsana por el misterio de lo inaprensible, por ese instante de lucidez, de gloria o de sexo que justifica todo. Gol. Hasta la más atrabiliaria de las existencias. El resultado es, de nuevo, un homenaje a la imposibilidad de hacer nada más que nada. Como mantendría Jep Gambardella, el cansancio no es una opción; es la única manera sensata de pisar la vida. No es la obra maestra que querría ser, pero la fiebre es la misma.
 

 Sorrentino y los precipicios

El director de 'La gran belleza' cede el cansancio existencial de Jep Gambardella a Michael Caine en 'Youth', una película tan imperfecta, barroca y pomposa como finalmente irresistible.

"La ligereza es una forma de perversión", se escucha en 'Youth' (Juventud), la última película de Sorrentino y, por obligación, la continuación natural (o artificial, que más da) de 'La gran belleza'. De nuevo, la descripción pautada del instante que precede al precipicio se convierte en el único argumento. Y otra vez, el director se esfuerza en dibujar el hueco que queda cuando ya no queda nada.No es tanto tristeza, como dolor; no es melancolía, es fiebre.
Carece sin duda del malestar lúcido de su precedente, de su necesidad de vacío, de su cansancio, de la magananimidad perezosa de ese gigante que fue Jep Gambardella (acuérdense), pero, con todo y con eso, la nueva propuesta del italiano acaba por ser, en su imperfección, en su grandilocuencia, en su profunda ridiculez... bellísima. Irritantemente bella, si se quiere. 'Youth' vuelve a ser una de esas película que duelen, pero por dentro.
Michael Caine y Harvey Keitel son Fred y Mick, dos viejos que gastan uno de sus últimos veranos en una hotel alpino de Suiza. Estamos ante dos émulos de Settembrini y Naphta, los personajes que ordenan los rescoldos del siglo XX en 'La montaña mágica' de Thomas Mann. El primero es un músico retirado. Le avala una vida de éxito que ahora, por fin y al fin, descubre perfectamente inútil. Con la mujer que se sacrificó por él y por cada uno de sus logros perdida en una enfermedad insondable, contempla en soledad el pasado como una herida de cenizas y barro. Su mayor logró, por el que será recordado siempre, fue la composición 'Simple songs' y es en la ligera sencillez de su obra donde acaba por descubrir el vacío que le arrasa. "La ligereza es una forma de perversión", se repite.
A su lado, el personaje de Keitel es un hombre vitalista que se resiste a rendirse. Productor de cine, se ve capaz de volver a ser el que fue. Porque quiere, porque puede y, probablemente, porque no le queda más remedio. Atentos a la aparición de Jane Fonda como musa de otros tiempos. Digamos que en el imaginario común este último interpreta al sujeto de progreso que confía en el carácter de la vida, sin más, para imponerse al absurdo de todo esto. Settembrini fue el nombre que recibió en la novela de Mann. Frente a él, Naphta se deja arrastra por la certeza racional del absurdo de todo. Y así, hasta el más lúgubre y lúcido de los suicidios. …
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La gran vejez de Paolo Sorrentino



Jep Gambardella, el rey de los mundanos que ejercía de anfitrión de La gran belleza, se desdobla en la nueva película de Paolo Sorrentino en dos personajes. Fred y Mick son dos viejos amigos que comparten estancia vacacional en un lujoso balneario en los Alpes suizos. Fred (Michael Caine) es un prestigioso compositor y director de orquesta ahora retirado. Mick (Harvey Keitel), un director de cine que trabaja con su equipo de jóvenes guionistas para acabar el libreto de su nueva película. Ambos además son consuegros: la hija de Fred, Lena (Rachel Weisz), acaba de ser abandonada por su esposo, hijo de Mick.
Fred y Mick comparten los achaques y nostalgias de su edad en un escenario donde resuenan tanto los ecos de La montaña mágica de Thomas Mann en la concepción del sanatorio alpino como escenario para todo tipo de digresiones a través de personajes varios, como del 8 ½ de Federico Fellini: Sorrentino parafrasea literalmente el film en una escena en que Mick se ve atosigado por todas las actrices/personajes femeninos de sus carrera.
Youth recoge todas las constantes habituales del cine de Paolo Sorrentino desde una perspectiva más ligera. Como si el italiano hubiera tenido claro que intentar sobrepasar el éxito de La gran belleza con un film todavía más barroco y sobrecargado significaba dirigirse derecho al precipicio. En este caso, ha optado por rebajar la solemnidad sin eliminarla del todo de manera que los tics de la película resultan menos irritantes que en otro registro. Hay una constante reivindicación de la idea de ligereza en Youth. Entre los muchos personajes secundarios que pueblan el balneario encontramos a un monje tibetano que levita, a un escalador que desafía el vacío a grandes alturas y a una Miss Universo que alecciona a un joven actor (Paul Dano) sobre el abuso de la ironía: cuando se utiliza emponzoñada de veneno no denota otra cosa que frustración, le espeta la mujer como si estuviera pensando en Jep Gambardella.

Y Sorrentino se aplica la lección. Hay más ternura hacia los personajes, también los secundarios, aquí que en La gran belleza. El trasunto de Maradona con el rostro de Karl Marx tatuado en la espalda, la joven del pueblo que se prostituye en el hotel, el viejo matrimonio que cena sin dirigirse la palabra, la masajista que baila sola en su habitación, el monje tibetano... le sirven a Sorrentino para introducir notas de color humorístico, pero no observa a estos personajes con el implacable cinismo al que recurría en su film anterior. Y el italiano incluso reprime su gusto por los suntuosos planos secuencia que ha convertido en marca de la casa. …















Publicado por Alejandro Mon