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FRANCO: II GUERRA MUNDIAL: APOYO NAZI: ...TORPEZA DIPLOMÁTICA DE FRANCO?



EL PRECIO DEL EJE: LA TORPEZA DIPLOMÁTICA DE FRANCO


 
La  II GUERRA MUNDIAL fue el desafío más relevante que tuvo que afrontar la diplomacia del nuevo Estado franquista, justo cuando estaba aún sin definir políticamente más allá de la figura personalista del Caudillo. Más aún cuando, tras la Guerra Civil, la reconstrucción del país debía primar sobre cualquier otra consideración. El conflicto bélico no fue una buena noticia para Franco. España se encontraba en una situación de debilidad económica y división política desde 1873. Pero Hitler, su gran aliado, admirado por gran parte de las élites españolas como cruzado antibolchevique y modelo de referencia para los dirigentes falangistas, invadió Polonia a sabiendas de que provocaba una guerra.

El Führer destruía así el equilibrio continental, que parecía haber cuajado entre 1936 y 1938, con un conflicto generalizado que retrasaría la recuperación de España. Peor para Franco era la cruda acción inaugural de la guerra. Mientras la prensa española consagraba a Alemania como baluarte contra la sovietización, los nazis destruían, en connivencia con la URSS, un régimen nacionalista y católico como el polaco. Polonia sería, además, la primera etapa de una colaboración nazi-soviética que permitiría a Stalin desplazar hacia el oeste las fronteras de la URSS.

El objetivo de la diplomacia española fue, sin duda, evitar cualquier implicación directa en el conflicto. Pero no pueden obviarse las presiones internas de una parte de la élite del incipiente régimen franquista para que España entrase en guerra al lado de Alemania. Tampoco que Franco se sintió tentado a hacerlo cuando parecía, en 1940, que Hitler iba inevitablemente a ganar. La neutralidad y la “no beligerancia” españolas no fueron indiferentes: el Régimen observó una inclinación casi constante por las potencias del eje Berlín-Roma. Que fue además entusiasta con las victorias alemanas y prudente tanto en la primera fase de la guerra hasta la caída de Francia …

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«AHORA ADMIRO MÁS A FRANCO»: ‘Franco y el III Reich’

 El franquismo derrotó una revolución en marcha desde 1933. En 1934 se intentó la revolución desde fuera del poder y Franco contribuyó a vencerla. Desde febrero de 1936 se desató un proceso revolucionario desde el poder y desde la calle ...Franco no luchó contra la República ... luchó contra los revolucionarios que hacían imposible, con sus crímenes, la convivencia social en España.

Luis Suárez dedicó el núcleo de su carrera a la Edad Media, hasta que cayó en sus manos un tesoro: el acceso privilegiado al archivo de Francisco Franco. Su último fruto es Franco y el III Reich (La Esfera de los Libros). No ha estado libre de críticas por el enfoque de su trabajo, pero él asegura que su tarea no es dar las opiniones sino poner los datos. 

Pregunta.– ¿Cuál es el gran malentendido cuando se habla de Franco y el III Reich? 

Respuesta.– Se presenta a Franco como a un gran partidario de Hitler. No es correcto. Yo he trabajado la documentación y ahí aparecen cosas olvidadas. Primero: que Franco no quería la guerra en Europa, quería un final rápido y negociado. Segundo: que Hitler tenía mal concepto de Franco. Veía en él a un general mediocre y a un político de poca talla. Tercero: Franco era obediente al Vaticano. Hitler lo llamaba «el clerical». Y cuarto: España estuvo abierta a los que huían de Alemania. España fue decisiva en la salvación de 45.000 judíos sefardís. Ahora que se recuerda a Sanz Briz por rescatar a miles de judíos, hay que decir que siguió órdenes claras: «Saque a todo el que pueda, no haga preguntas». 









P. – En el libro sostiene que Alemania entra en la Guerra Civil por motivos mercantiles, no porque hubiera un proyecto común. 
R.– También el Ejército Republicano quiso comprar armas a Alemania. Luego, entrar en la guerra fue una decisión de Hitler cuando la URSS apoyó a la República. A Franco no le gustó nada eso, pero estaba en una posición de debilidad. 
P.– Subraya cada gesto de escepticismo del franquismo hacia el Reich. Pero cualquiera que vea periódicos españoles de 1940 sabe que íbamos con Hitler. 
R.– La prensa estuvo dominada por las agencias de noticias alemanas, por lo menos hasta 1942. En ese punto, Hitler ordenó la invasión de España, como había ordenado la de Francia, y Ramón Serrano Suñer fue a evitarlo. Desde entonces, el Franquismo se alejó del Reich. Del Reich, no de Alemania, porque Franco siempre estuvo influido por Canarias. El día antes de la Operación Valkiria, Mylon Taylor [el delegado de Roosevelt ante Pío XII] se entrevistó con el embajador español en el Vaticano y le preguntó si España acogería las conversaciones para la reconstrucción de Alemania. El embajador dijo que por supuesto. 
P.– ¿Cuándo supo Franco que el Reich era lo que era? 
R.– Es que, en ese momento, había violencia y campos de concentración en toda Europa. 
P.– Como en Alemania no. ¿Cuándo supo lo que ocurría con los judíos, por ejemplo? 
R.– Muy temprano, porque Franco tenía un compromiso con los judíos. Es verdad que los sionistas estuvieron con la República, pero los sefardíes apoyaron a Franco. En Marruecos, Franco hizo amigos sefardíes. Además, en 1938, hubo una consulta del Vaticano: «¿Bloquearía la entrada de los judíos perseguidos?». El general Gómez-Jordana contestó que en ningún caso... Pero es que la política nazi hacia los judíos cambió. Al principio, el objetivo era la expulsión y la captación del botín; después, su uso como mano de obra. Y, desde 1943, su aniquilación. Y ahí es cuando España se implicó en el rescate. 
P.– ¿Y no hubo una manifestación pública? ¿Un esto es horrible, no es nuestro bando? …

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Paul Preston aterrizó en España, más o menos, cuando el hombre llegó a la Luna. Su primera toma de contacto con el franquismo le dejó perplejo: tanto por los olores de la posguerra que aún se respiraban como por los «moratones» en carne ajena que poco después (mayo de 1973) le permitieron constatar el lado más represivo de la que ya entonces se conocía como «la Dictablanda».

Cuarenta años después de los  cuarenta años, y en vísperas del 20-N, el historiador británico considera que ha llegado el momento de rebatir los mitos y poner al «Generalísimo» en su sitio: en el podio de los dictadores más crueles de Europa, a la sombra de Hitler y por delante de Mussolini. El hispanista de Liverpool vuelve estos días a la palestra con la tercera edición de Franco, caudillo de España (Debate), al tiempo que prepara su visión compacta del siglo XX español con un hilo conductor rabiosamente actual: la incompetencia y la corrupción de los políticos.

PREGUNTA.- ¿Dónde estaba usted cuando murió Franco?

RESPUESTA.- Lo recuerdo muy bien. En el año 75 estaba más o menos al comienzo de mi carrera. Había terminado mi tesis doctoral, había pasado unos años en la España franquista y me incorporé a la Universidad Queen Mary. Llevaba unos años colaborando con los medios: España estaba constantemente en las noticias y se esperaba con ansiedad qué podría ocurrir tras la muerte de Franco; se temía que pudiera haber otra guerra civil. Me avisaron de la BBC (la noticia la retrasaron algo más en España). Me fui a la cama a las cinco de la madrugada …




Preston, el historiador fraudulento



El fraude 'histórico' de Paul Preston


Tenemos ante nuestros ojos una España arruinada por la mayor deuda de su historia, dividida por la dejación criminal del presidente del Gobierno y del monarca, que han dejado pudrirse hasta el límite un golpe de Estado, con la mayor tasa de paro juvenil del mundo desarrollado y los que consiguen empleo con salarios que no permiten salir de la pobreza, con la más injusta distribución de la renta y la riqueza de Europa, y “donde los bancos controlan desde el Constitucional hasta los hospitales”, según Luis Garicano, coordinador del programa económico de C´s. Que un demagogo propagandista como Paul Preston, que se denomina a sí mismo historiador cuando no es más que un manipulador que utiliza los hechos a su antojo y realiza afirmaciones sin prueba alguna que las sustente, analice así ciertos episodios es algo que resulta pura y sencillamente repugnante.

Su último 'remake' alimenticio de la biografía de Franco es un insulto a la inteligencia y al rigor histórico. Como señala el más prestigioso historiador inglés de las guerras del siglo XX, Antony Beevor, en su obra 'La guerra civil española' (Critica, 2015), “la guerra civil española es la única excepción al hecho de que la historia la escriben los vencedoros, en este caso la han escrito los vencidos”. Preston es un propagandista entusiasta aunque nada desinteresado de los vencidos, a quienes solo su “autodestrucción compulsiva y odio mutuo mayor que el que profesaban a Franco” y “la desastrosa conducción de la guerra que llevaron a cabo los comandantes comunistas y sus consejeros soviéticos” les llevaría a perder la guerra, algo que magistralmente documenta y describe. 
 
Beevor termina su obra con una pregunta clave. ¿Qué habría ocurrido en caso de una victoria republicana? “Con un gobierno autoritario de izquierdas o abiertamente comunista, España habría quedado reducida a un Estado similar al de las repúblicas populares centroeuropeas y balcánicas hasta después de 1989”. Aunque esto a Preston le trae al pairo, ha encontrado en el odio a Franco un modo de vida especialmente lucrativo, no tanto por la venta de libros más bien escasa sino por las numerosísimas conferencias que los gobiernos de izquierdas y los separatistas le pagan con enorme generosidad. Negocio que ahora extiende a la defensa del separatismo catalán, que presumiblemente paga mejor.

 Las grandes mentiras de la 'memoria histórica'

No vale la pena molestarse en refutar las patrañas de Preston, pero para desmontar las grandes mentiras de la 'memoria histórica' del indigente mental Rodríguez Zapatero retomadas ahora por los perroflautas, resulta adecuado utilizar cuatro grandes descalificaciones que aparecen en una hagiografía de Preston publicada aquí el pasado miércoles. La primera: que “Franco (no) ganó la guerra con estrategias dignas de Napoleón”. Ninguna historia seria, empezando por la obra cumbre de Salas Larrazábal y terminando por el modesto Pío Moa, a quien la izquierda quiere encarcelar y quemar sus libros, ha comparado jamás a Franco con Napoleón. Solo el sectario Preston le degrada a “buen jefe de batallón”. …


 

Grave error de Preston: identifica Frente Popular con la República
… El violador sería el bando nacional y la violada el Frente Popular, que él identifica –de nuevo falsamente– con la república del 31. Como he expuesto con todo detalle en Los orígenes de la guerra civil, la violación, si así queremos llamarla, fue emprendida en octubre de 1934 por el PSOE y la Esquerra, apoyados por prácticamente toda la izquierda, con el propósito textual de organizar una guerra civil; y continuó después de las elecciones de febrero del 36, en una verdadera orgía de crímenes e incendios, hasta que se provocó la continuación de la guerra civil, a la que tan aficionadas fueron nuestras izquierdas, que incluso organizaron otras dos en su propio seno.

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El plan secreto de Hitler para derrocar a Franco



Durante muchos años, la versión oficial de los hechos ha asegurado queAdolf Hitler y Franco mantuvieron una relación cordial y estrecha. Sin embargo, según afirma el autor del blog «Cuaderno de Historias», las relaciones entre ambos dirigentes llegaron a ser tan tormentosas que el líder nazi acabó urdiendo un plan para desalojar del poder al dictador español.
Todo comenzó, relata el artículo, cuando Hitler y Franco se reunieron en la estación de tren de la localidad francesa de Hendaya en octubre de 1940. Allí, el dirigente nazi exigió al español una participación activa a su lado en la Segunda Guerra Mundial. Para el alemán, Franco estaba obligado a ceder a su pretensión, ya que Alemania lo había apoyado con acciones como el envío de la Legión Cóndor durante la recién finalizada Guerra Civil.

Sin embargo, el general español no estaba dispuesto a pagar ese precio y solo se comprometió a enviar a Alemania una unidad de voluntarios, la División Azul, y apoyar una invasión de Gibraltar que nunca se produjo y así recuperarla para la soberanía española. Esta respuesta, ambigua y nada comprometida, molestó mucho al Führer, que esperaba un compromiso claro y firme.

Fruto de ello, Hitler, comenzó a plantearse seriamente un plan para derrocar a Franco y sustituirlo por un hombre de su confianza. El elegido fue Agustín Muñoz Grandes, un insigne falangista que había ocupado el cargo de Ministro secretario general del Movimiento y que en ese momento comandaba la División Azul.

En un encuentro celebrado en septiembre de 1941, Hitler tanteó la implicación de Muñoz Grandes con el Tercer Reich y consideró la posibilidad de contar con él para colocarlo al frente de un complot para sustituir a Franco. El militar español, por su parte, no veía el plan con malos ojos, ya que consideraba que la implicación española en la guerra debería ser mayor y sus relaciones con el Ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer eran muy malas. …

 

Los españoles que visitaron el epicentro de la locura: la División Azul



La conspiración contra Polonia tras el tratado Molotov–Ribbentrop (un tratado de no agresión que acabó como el rosario de la aurora), terminó con los dos socios firmantes, Alemania y la Unión Soviética, a la greña. Incluso más que eso todavía, por primera vez en la historia conocida –la que nos cuentan los libros a su manera y los vencedores a la suya–, el Apocalipsis se pudo apreciar en todo su dramático esplendor, con el agravante de que estaba ampliamente pronosticada su puesta en escena.

La Primera Guerra Mundial, cerrada en falso, había dado lugar a la mayor carnicería conocida hasta el momento. Agravios insuficientemente negociados y rencores de efecto retardado habían estallado en la cara de los durmientes y egocéntricos europeos.

Había que testimoniar algún compromiso con las aventuras del majadero alemán y de paso contribuir a acabar con los malvados comunistas

En una esquina milenaria y plena de historia, al sur del continente, dos hermanos se habían liado a estacazos sin considerar que en la tramoya donde se manejaban los intereses, había una distante y cruel dirección ajena a la sangre que se estaba derramando, que no era otra que la propia. Pero las historias de malos y buenos solo funcionan para los que están a pie de obra, normalmente ajenos a los designios de los poderosos que desde sus cómodas butacas asisten a las hecatombes que provocan, envueltos entre las volutas de elaborados puros cubanos…..



















Publicado por Alejandro Mon