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FIDEL CASTRO: DICTADOR COMUNISTA: EL DICTADOR CONSENTIDO DE OCCIDENTE



CUBA:  la finca particular de los Castro


Fidel Castro, el dictador consentido de Occidente
Fidel Castro, el mito en chandal.
La vida de Fidel Castro demuestra que los grandes personajes históricos del socialismo y del comunismo fueron burgueses. No hubo obreros que lideraran una revolución o uno de esos partidos “vanguardia de la civilización” que pregonaban, y lo siguen haciendo, la “necesaria superación del capitalismo con la dictadura del proletario”. Fueron siempre burgueses, gente que provenía de una familia sin problemas económicos, o que vivieron sin trabajar por cuenta ajena, desde Karl Marx, Lenin a Mao Zedong, pasando por Fidel Castro. Hubo excepciones, como Iosiv Stalin, pero fueron peores.
El padre de Fidel Castro era un hombre de buena posición, español, y casado con otra mujer. En consecuencia, no reconoció a su hijo hasta que éste cumplió diecisiete años. Le compensó con una buena educación y evitando que tuviera que trabajar. Cursó los primeros estudios en instituciones religiosas de pago, y le sufragó los estudios de Derecho en la Universidad de La Habana en 1945, lo que entonces era un lujo y aseguraba a Fidel un buen futuro profesional.

Karl Marx
Comunismo, no lo silencies
Esa vida burguesa no impidió que tuviera ideas izquierdistas, y se unió al Partido Ortodoxo, de ideología socialdemócrata, donde quiso hacer carrera política. Incluyeron su nombre en una lista electoral para los comicios de 1952 a pesar de que estuvo involucrado en el asesinato político del estudiante Manuel Castro. Y cuando se veía diputado electo de la Cámara de Representantes, Fulgencio Batista dio un golpe de Estado. 

A la represión le siguió la guerra de guerrillas de los opositores, a la que contribuyó Fidel con el mitificado “asalto al cuartel Moncada”, en julio de 1953. Le pillaron y tuvo una condena de quince años de cárcel, donde disfrutó de todo tipo de lujos, y que no acabó cumpliendo. Es más; se afincó en México donde él y sus amigos fueron entrenados hasta que en noviembre de 1956 se embarcaron en el yate “Granma” y llegaron de nuevo a Cuba. Nuevo fracaso “militar”, y refugio en Sierra Maestra….

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 Pesadilla cubana
La autora destaca que la Historia no absolverá al dictador Fidel Castro, lamenta que haya muerto sin haber pagado por sus crímenes y confía en que los cubanos puedan ser dueños de su destino pronto.




SUCEDIÓ lo que debió haber sucedido de otra manera y hace mucho tiempo. Debió de ser juzgado, condenado o, en el más abrupto de los casos, ajusticiado a su estilo, como él hizo con tantas de sus víctimas y con sus propias manos: el tiro en la nuca o ahorcado.
Pero no ocurrió así. Fidel Castro murió tranquilamente en su cama, a los 90 años, rodeado de los suyos, lo que él no le permitió a miles de fusilados y de desaparecidos en el mar, devorados por los tiburones del Estrecho de la Florida tratando de llegar a tierras de libertad en Estados Unidos. 
No. La Historia no lo absolverá, que es lo que él más deseaba, dicho con sus propias palabras en aquel panfleto de autodefensa dictado en el año 1953, en el que se le dio la posibilidad de tirarse flores a sí mismo y en el que plagió, por cierto, una frase de Adolf Hitler. 
La Historia lo condenará, como al resto de tiranos que han infectado el mundo Y que han sido figuras claves en la historia de monstruos del siglo XX. Fidel Castro pertenecerá inevitablemente a la nefasta cofradía de Hitler, Stalin, Pol Pot, Mussolini y Franco, entre otros. 
La Historia lo condenará, pese a estos momentos iniciales tras su muerte en los que observo con tristeza cómo una gran cantidad de políticos y de personalidades de todas las esferas se deshacen en loas y cantos fúnebres dedicados a sus mamarrachadas a costa del sacrificio de todo un pueblo. Mamarrachadas elevadas y sublimadas a veces hasta el ridículo, debido al acontecimiento de su muerte, a la categoría de heroicidades, las que para nadie en otro contexto y con otro personaje tendrían el aparatoso y melodramático sentido que les han conferido. 
Los que así se manifiestan han hecho de los horrores que se han cometido en Cuba un aval para su utopía personal. Se apoderaron de la revolución cubana como se la apropió el mismo Fidel Castro para crear un producto de marketing en beneficio propio, para justificar lo que sabía bien que sería y ha sido una quimera desastrosa y criminal.

La mayoría elogia a Fidel Castro, unos pocos excepcionalmente lo rebajan a populista, y ahí se queda el trato. Pero no fue un populista, fue un gángster político. Género producido en Cuba durante los años 30, impuesto en Sudamérica, rebautizada por ellos América Latina, y que en la actualidad causa furor en España. Un tipo de personaje que lo mismo asesina calculada y fríamente a través de calumnias o a balazo limpio que siembra de espías a periódicos y organizaciones internacionales, y miente sin que le tiemble una pestaña.

Estamos viviendo el fin de la novela de un nuevo estilo de dictador absolutista, muerto de una muerte demasiado esperada, del caudillo finiquitado de a poco, lentamente, y de sus muy bien entrenadas plañideras revoloteando como moscas alrededor del cadáver, ofreciendo el más patético de los espectáculos. Pero eso no es nada en comparación con los nueve días de gran show a la norcoreana que le han impuesto a los cubanos. Otro lamentable teatrucho más que no han podido evitar porque, de lo contrario, no serían ellos, y que mis compatriotas aceptan con el llanto velándoles los rostros y la rumba repiqueteándoles en el alma, un guaguancó muy escondido que marcará el ritmo de sus corazones, y enmascarado en lo más recóndito de sus conciencias. 



Sí, este nuevo dictador se ha sobrepasado a sí mismo, ha ido más allá de lo imaginado, mucho más allá de aquella novela de Valle-Inclán Tirano Banderas; y de la de Augusto Roa Bastos, Yo el Supremo; o de El otoño del patriarca, de Gabriel García Márquez; La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa; del poema de Mario Benedetti Los canallas viven mucho pero algún día se mueren... 

Resulta una paradoja que dos de los mejores amigos de Castro, Gabo y Benedetti, hayan descrito y previsto con tanta exactitud algunos de los acontecimientos y rituales que se están dando estos días en el luto oficial. …

¿Por qué un dictador de izquierdas no es un dictador?

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¿Qué extraña pulsión o arrebato mental lleva a muchos a condenar la represión y el asesinato perpetrados por dictadores de derecha y, sin embargo, les impulsa a justificar la represión y el asesinato que cometen los dictadores de izquierda? 

La respuesta no es sencilla, pero tal vez la clave esté en la instrumen talización marxista del concepto de revolución, entendido como ruptura y continuidad. Para el comunismo, la revolución tiene un comienzo temporal, pero como se encuadra en un largo proceso histórico, material y social, no termina nunca.
Para la izquierda, Fidel Castro no fue un dictador, sino un revolucionario. Y como un revolucionario está facultado para encarcelar o exterminar a quienes piensan distinto durante todo el tiempo que sea necesario para dar continuidad al proyecto, los dictadores de izquierda pueden dejar en suspenso los derechos humanos durante casi sesenta años sin que podamos llamarles asesinos. 
Sin el castrismo, Cuba hoy podría ser una democracia imperfecta, pero una democracia al fin y al cabo

Y los cubanos disfruta.rían de unas cotas de libertad y progreso que -por muy relativas que fueran-serían infinitamente mayores de las que gozan ahora. Por la sencilla razón de que no tienen n.inguna. El futuro de Cuba permanece anclado en el pasado, varado en m.itad de la nada. pero como Fidel Castro -según la izquierda- se murió siendo un revolucionario. la culpa de que el proyecto no haya terminado de cuajar no es suya, sino de quienes no le dejaron llevarlo a cabo. Habrá que darle tiempo a Raúl. 
La inmensa mayoría de las dictaduras que ex.isten en el mundo son de izquierdas, tal vez porque las detestables dictaduras de derechas no responden al viejo concepto marxista de revolución y, en cuanto que constituyen una gravísirna amenaza, hay que combatirlas por una elemental razón de dignidad. La dignidad, para la izquierda, es un gigantesco embudo. Tanto que la muerte de Fidel les ha nublado la razón. 
Rectifico: ya la tenían nublada. Algunos llevan así sesenta años.

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Fidel nos traicionó ... ¡TRAIDOR!



LOS RESTOS DE FIDEL LLEGAN A SANTIAGO

 Comienza la cuenta atrás de Raúl Castro, el otro dictador comunista de Cuba
Raúl Castro, hermano de Fidel Castro
La cuenta atrás de Raúl Castro comenzó ayer, en una de las noches más especiales para la religión yoruba, que sincretiza el catolicismo de los conquistadores españoles y los ritos de los esclavos.  

Los paleros y babalawos celebraron la fiesta de Santa Bárbara, que para los orishas se transforma en el bendecido Changó. El más poderoso, el ungido, como el propio Raúl Castro. El pequeño de los hermanos entierra hoy al comandante perpetuo de la Revolución cubana unas horas después de confirmar su liderazgo, reforzado como nunca, tras nueve días de luto nacional, en una impresionante exhibición de control de las calles y de los sentimientos de los cubanos. 

El primer día de la nueva hoja de ruta del general de ejército, secretario general del Partido Comunista de Cuba (PCC) y presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros. La Santísima Trinidad de la Revolución. «Nuestras gloriosas fuerzas armadas revolucionarias», como dice el propio Raúl, el partido único y Consejo de Estado. 

El calendario tiene como fecha límite febrero de 2018, mes en el que Raúl, con 86 años entonces, entregará el poder a su elegido. Dos delfines parten con casi todas las ventajas: el vicepresidente Miguel Díaz-Canel y el coronel Alejandro Castro Espín, su único hijo varón. 

La semana de duelo nacional ha reafirmado al ex ministro de Educación, lo bastante oscuro como para no ser acusado de ambicioso y lo bastante inteligente como para sobrevivir en una cúpula que parece el banquillo de un equipo de la Primera División española de fútbol. Díaz-Canel figuró en la última guardia de honor frente a los restos del héroe de Sierra Maestra, el único de los presentes no militar y de una generación post-revolución. Punto para él. 

El coronel Castro, misterioso jefe de los servicios de Inteligencia y Contrainteligencia, se ha movido estos días entre los bastidores de poder, donde parece sentirse realmente cómodo. Pese a que no fue aupado al Comité Central del PCC en abril pasado, mantiene su favoritismo entre los que mejor conocen la nomenclatura cubana. 

«Raúl Castro podrá dejar de ser el presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, pero seguirá siendo el jefe del país. Puede haber sucesión en el trabajo fuerte, los viajes, las recepciones. Donde no habrá sucesión es en el poder», asegura vehemente Martha Beatriz Roque, disidente histórica del Grupo de los 75, los presos políticos de la PrimaveraNegra de Fidel. 

Roque insiste en que el país está dirigido por el PCC y que Díaz-Canel ejerce de «apagafuegos» porque la verdadera mano derecha de Raúl, el general José Ramón Machado Ventura (vicepresidente segundo y, sobre todo, número dos del PCC), tiene un año más que su jefe. «Y hasta el año 2021 no se dará el nuevo congreso del partido», que debería destacar a los delfines de Raúl. 

Si hasta su fallecimiento la alargada sombra de Fidel se proyectó sobre la gestión de su hermano, lo mismo ocurrirá tras la sucesión de 2018. Al margen de los delfines, Raúl cuenta con la fidelidad irrestricta de su propia guardia de corps, sus guerrilleros de Sierra Maestra, con Machadito (Machado) a la cabeza. El general Leopoldo Cintra Frías, ministro de las Fuerzas Armadas, ha comandado estos días la Caravana de la Libertad y ya firmó los acuerdos de paz de la Guerra de Angola. Con él en la escolta de honor han cruzado el país Ramón Espinosa y Joaquín Quintas Solá. Y en la retaguardia, Álvaro López Miera, jefe del Estado Mayor, con sangre del exilio republicano español en sus venas. …


 
 

















Publicado por Alejandro Mon